El principi d’Arquímides: un espejo incómodo sobre la duda y la sospecha

El principi d’Arquímides: un espejo incómodo sobre la duda y la sospecha

Hasta el 21 de septiembre de 2025, la Sala Texas de Barcelona acoge El principi d’Arquímides, una de las obras más aplaudidas de Josep Maria Miró. Esta pieza, estrenada en 2011 y traducida a numerosos idiomas, plantea un conflicto que va más allá de lo anecdótico para reflexionar sobre el miedo, la confianza y los prejuicios en la sociedad contemporánea.

El detonante es simple: un monitor de natación da un beso en la boca a uno de sus alumnos, un niño pequeño. A partir de este gesto, el público asiste a una cadena de sospechas, dudas y acusaciones que enfrentan a los personajes y los obligan a posicionarse. Lo que comienza como un hecho aislado se convierte en un juicio social que interpela directamente al espectador.

Josep Maria Miró, un autor de mirada crítica

El dramaturgo catalán Josep Maria Miró se ha consolidado como una de las voces más relevantes del teatro contemporáneo en España y en el ámbito internacional. Sus obras suelen girar en torno a conflictos morales y éticos, explorando las tensiones entre la intimidad y lo social, entre lo individual y lo colectivo.

Con El principi d’Arquímides, Miró logró un éxito internacional que lo situó en la primera línea de la dramaturgia actual. El texto ha sido representado en más de veinte países, confirmando que sus temas —el miedo, la sospecha, el poder de la opinión pública— son universales y profundamente actuales.

Una trama que incomoda y hace reflexionar

La obra juega con la percepción del público, que debe decidir si interpreta el gesto del monitor como una muestra de afecto o como un acto inapropiado. La ambigüedad es el motor dramático, y el espectador se convierte en juez sin apenas pruebas concluyentes.

A medida que avanza la historia, se ponen de manifiesto cuestiones como la fragilidad de la reputación, la presión del rumor, la incapacidad de distinguir entre lo real y lo imaginado y la rapidez con la que se emiten juicios en una sociedad dominada por el miedo. El teatro se convierte así en un espacio de confrontación moral.

Un montaje sobrio al servicio del texto

La puesta en escena de esta producción apuesta por la sobriedad. Unos pocos elementos escénicos bastan para recrear la piscina y los espacios comunes, dejando todo el protagonismo a la palabra y al trabajo actoral. La tensión se construye a partir del diálogo y de los silencios, más que de la acción física.

El ritmo es ágil y mantiene al público en vilo desde el inicio, con cambios de perspectiva que obligan a replantearse lo visto. Cada escena abre nuevas posibilidades de interpretación, creando un efecto espejo que hace que cada espectador confronte sus propios prejuicios.

Interpretaciones que sostienen la tensión

El elenco de actores es clave en una obra donde todo depende de la credibilidad y de la capacidad para transmitir matices. El monitor, los padres, la directora del centro… todos los personajes están atrapados en un dilema moral que los intérpretes llevan a escena con una mezcla de contención y emoción.

El público se enfrenta a personajes complejos, sin héroes ni villanos claros. Cada interpretación aporta dudas en lugar de certezas, lo que intensifica la reflexión. La verdad nunca es absoluta, y el reparto logra mantener esa sensación hasta el final.

Una obra que trasciende el escenario

El principi d’Arquímides no se limita a contar una historia: es un disparador de preguntas incómodas que resuenan mucho después de que baje el telón. ¿Qué es lo que realmente hemos visto? ¿Por qué tendemos a desconfiar? ¿Hasta qué punto estamos condicionados por el miedo social?

En la Sala Texas, esta obra vuelve a invitar al espectador a salir de su zona de confort y a enfrentarse a sus propias contradicciones. Un teatro que no da respuestas fáciles, sino que plantea dilemas necesarios en una época marcada por la desconfianza y el juicio rápido.


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