Sant Medir 2026 en Gràcia: la fiesta más dulce vuelve a tomar las calles

Sant Medir 2026 en Gràcia: la fiesta más dulce vuelve a tomar las calles

El 3 de marzo de 2026, las calles del barrio de Gràcia, en Barcelona, se llenarán de gente para celebrar la tradicional fiesta de Sant Medir. Es una de esas jornadas en las que el vecindario cambia de ritmo: balcones con curiosos, familias con bolsas preparadas y un ambiente de celebración que se contagia a quien pasa por allí, aunque sea por casualidad.

A Sant Medir se la conoce, sobre todo, por su carácter festivo y popular: una cita donde lo colectivo pesa más que lo individual y donde la calle se convierte en escenario. Lo “dulce” no es solo lo que se reparte, sino también el tipo de alegría que genera: cercana, ruidosa, a ratos caótica, pero profundamente querida por quienes la esperan cada año.

Orígenes entre promesa y leyenda

El origen moderno de la fiesta se sitúa en el siglo XIX y se asocia a una promesa personal: según la tradición, Josep Vidal i Granés, vecino de Gràcia, inició una romería como cumplimiento de un voto hecho al santo. Con el tiempo, aquel gesto fue creciendo, sumando participantes y tomando forma de celebración organizada por grupos que acabarían siendo el alma de la fiesta.

A esa historia se le une una leyenda mucho más antigua: la del campesino Medir y el obispo Sever, vinculada a un episodio milagroso relacionado con unas habas que brotan de manera repentina. Sea por devoción, por relato transmitido o por la mezcla de ambas cosas, Sant Medir ha sabido mantener vivo ese doble origen: el de la fe popular y el de la memoria compartida.

La tradición que hace barrio

Lo más reconocible de Sant Medir es su celebración en la calle, con comitivas que recorren Gràcia y convierten plazas y avenidas en un pasillo festivo. A su paso, el público responde con entusiasmo, y la jornada se vive como un gran encuentro intergeneracional: quienes ya lo han vivido mil veces y quienes lo descubren por primera vez comparten la misma expectativa.

En el imaginario barcelonés, Sant Medir es “la fiesta más dulce” porque la celebración se acompaña de un reparto masivo de caramelos y golosinas. Más allá del gesto, esa lluvia simbólica tiene un efecto claro: rompe la distancia entre participantes y espectadores, y vuelve a recordar que, en Gràcia, la cultura popular se hace mirando a los ojos y ocupando la calle.

Cultura popular y sentimiento de pertenencia

Sant Medir no es solo un evento: es una forma de decir “somos barrio”. Las entidades, las familias y los grupos que la sostienen año tras año ayudan a mantener un hilo de continuidad con el pasado, mientras la ciudad cambia alrededor. En ese equilibrio entre tradición y presente, la fiesta funciona como un pequeño archivo vivo de costumbres, maneras de reunirse y códigos compartidos.

También es una celebración que enseña algo básico sobre la cultura urbana: la convivencia. Durante Sant Medir, el espacio público se transforma y obliga a coordinarse, a ceder paso, a cuidar el entorno y a pensar en quienes viven allí. Esa dimensión comunitaria —más allá del ruido y la emoción— es parte de su valor cultural: no se trata solo de “asistir”, sino de “formar parte”.

Más allá de Gràcia: dónde más se celebra

Aunque Gràcia sea uno de sus epicentros más emblemáticos, Sant Medir no se entiende sin su vínculo con otros lugares. Tradicionalmente, la celebración conecta Barcelona con la zona de Collserola y con Sant Cugat del Vallès, un punto clave en la historia y el imaginario de la festividad, donde la devoción y la tradición popular también tienen un papel protagonista.

Dentro de la propia Barcelona, la fiesta se vive igualmente en otros barrios con arraigo histórico, como el antiguo Sant Gervasi de Cassoles (hoy parte del distrito de Sarrià-Sant Gervasi), que comparte protagonismo con Gràcia en la celebración. Esa extensión territorial es una de las razones de su fuerza: Sant Medir no pertenece a una sola calle, sino a una red de lugares que la han ido haciendo suya con el paso de los años.