Maspalomas llega al Centre Cívic Pati Llimona con proyección y coloquio, dentro de un ciclo que propone mirar de frente las masculinidades en transformación. La cita pone en diálogo cine y reflexión compartida, con una película que sigue a Vicente, un hombre de 76 años que, tras una ruptura, vive en Maspalomas con una libertad que parecía por fin asumida.
Cuando un accidente lo obliga a volver a San Sebastián y a reencontrarse con la hija a la que abandonó años atrás, su historia cambia de registro. El relato se desplaza hacia la fragilidad, la memoria y la necesidad de reconciliarse con los demás y consigo mismo, en un contexto donde Vicente acaba entrando en una residencia y se ve empujado a esconder de nuevo una parte de sí que creía resuelta.
La propuesta encaja con una línea de trabajo que busca abrir conversación sobre relaciones más igualitarias, corresponsables y saludables. Y lo hace desde la cultura, con una película firmada por José Mari Goenaga y Aitor Arregi que convierte un conflicto íntimo en una pregunta más amplia: qué pasa cuando una vida construida con esfuerzo vuelve a ponerse en cuestión.

Una historia que mira de frente al paso del tiempo
En Maspalomas, Vicente aparece primero en una etapa de aparente plenitud. Está fuera de la norma, sí, pero también fuera de la culpa, instalado en una rutina de placer y descanso que parece sostenerlo. Ese punto de partida importa porque coloca al personaje en una zona poco habitual del cine: la vejez, el deseo y la identidad no se tratan como asuntos secundarios, sino como el centro mismo de la narración.
A partir de ahí, la película entra en un territorio incómodo y muy humano. El regreso a la ciudad, la relación rota con la hija y la vida en la residencia obligan al protagonista a revisar lo que creyó cerrado. La presión por volver a ocultarse da forma a un conflicto emocional potente, y ahí está buena parte del interés de la película: no ofrece respuestas fáciles, sino un proceso de exposición y repliegue que interpela sin subrayados.