Mujeres, trabajo y desigualdad
Uno de los ejes más potentes de la exposición es el trabajo femenino. Más del 80% de la plantilla llegó a estar formada por mujeres, muchas de ellas adolescentes que pasaban años entre bobinas y hilos ocupando puestos peor pagados y menos reconocidos. La fábrica ofrecía una salida laboral y cierta independencia, pero también reflejaba una división sexual del trabajo muy marcada.
En ese contexto aparece la Casa bressol de Sant Andreu, creada en 1909 para los hijos de las empleadas. La iniciativa respondía a una necesidad muy concreta: facilitar la reincorporación al trabajo en una época sin escuelas infantiles públicas ni políticas de conciliación. La exposición también recupera testimonios de trabajadoras y trabajadores que recuerdan cómo era la vida en Can Fabra, con relatos que ayudan a entender tanto la dureza como la dimensión social de aquella fábrica.
Barcelona, ciudad y trabajo
La segunda muestra, Barcelona, ciutat i treball, amplía el foco y sitúa el empleo como una de las claves para leer la ciudad entre los siglos XIX y XXI. El recorrido arranca por las tareas domésticas y de cuidados, situándolas al mismo nivel que el resto de sectores, y sigue por talleres, fábricas, construcción, transportes, comercio, salud y enseñanza.
A través de objetos, documentos, fotografías, paisajes sonoros y testimonios orales, la exposición propone una lectura amplia de la vida laboral barcelonesa. También invita a pensar en los cambios que han transformado algunos ámbitos con el paso del tiempo, como la gestión pública de la sanidad y la educación frente a etapas anteriores de gestión privada. La presencia del Seat 600 añade una referencia muy reconocible a esa memoria compartida de la ciudad.
Un patrimonio rescatado pieza a pieza
El nuevo espacio museístico reúne más de 4.400 objetos procedentes sobre todo de Fabra i Coats, pero también de otras empresas, entidades y particulares. Hay maquinaria, herramientas, mobiliario, documentos y materiales vinculados al textil, pero también al metal, la alimentación y la salud. La reserva patrimonial visible completa el relato con una selección que permite asomarse a un fondo mucho más amplio.
Detrás de ese conjunto hay una campaña de rescate patrimonial impulsada por el Museu d’Història de Barcelona y una labor previa de preservación de Amics i Amigues de la Fabra i Coats, que empezó a conservar materiales antes incluso del cierre de la fábrica. Entre las piezas que más llaman la atención está un molino triturador de carbón de más de 30 toneladas, fabricado por La Maquinista Terrestre i Marítima para una central térmica de Andorra, en Teruel. También se conservan las duchas que usaban los trabajadores, un símbolo muy querido por los extretrabajadores y cargado de significado dentro del relato de la lucha obrera.
Cómo se visita hoy
Las exposiciones se pueden visitar en Fabra i Coats. Museu d’Història de Barcelona hasta el 31 de agosto. Cada domingo por la mañana se organizan visitas comentadas a las dos muestras permanentes, una forma de entrar en un relato que combina industria, vida cotidiana, conflicto social y memoria colectiva.
El conjunto no se limita a contar la historia de una fábrica. También deja ver cómo el trabajo ha dado forma a Barcelona, cómo ha cambiado y qué desigualdades siguen presentes cuando se mira con atención el peso de las mujeres, las condiciones laborales o la conciliación. Ese es el hilo que une toda la propuesta y el que hace que la visita siga teniendo lectura hoy, más allá del recuerdo del pasado.