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Poncia vuelve a escena con la voz más libre de Lorca

Lolita Flores se mete en un personaje que mira de frente el duelo, la culpa y la libertad.

Poncia vuelve a escena con la voz más libre de Lorca
Lolita Flores en Poncia. Foto: uso promocional

La Poncia de Luis Luque toma como punto de partida La casa de Bernarda Alba y la convierte en otra cosa: un monólogo de fogonazos, recuerdos y conversaciones con sombras que mira la tragedia desde el lado de quien lo ha visto todo. En lugar de repetir la cronología de Lorca, la obra se instala después del suicidio de Adela y deja que la criada de Bernarda hable desde esa grieta abierta.

Con Lolita Flores al frente, el texto gana cuerpo y temperatura. La función se apoya en la palabra, en la presencia de la actriz y en una puesta en escena sobria, pensada para que el foco no se desvíe de lo esencial: la voz de una mujer que conoce el interior de la casa, sus secretos y sus heridas.

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Una criada que deja de ser secundaria

En La casa de Bernarda Alba, Poncia es una figura decisiva aunque no ocupe el centro. Observa, advierte, escucha y sabe más de lo que dice. Aquí, Luis Luque parte precisamente de ese lugar para ampliar el personaje y darle un espacio propio, con soliloquios, reflexiones y diálogos con fantasmas que nacen de las intervenciones originales de Lorca.

Esa elección cambia la perspectiva del clásico. La obra ya no mira solo el encierro, la represión o el miedo al qué dirán, sino también la conciencia de clase, la educación sentimental, la culpa, el deseo y la libertad. ¿Qué ocurre cuando quien ha servido durante años en una casa decide hablar con toda la fuerza de lo que ha visto y callado?

Lo que aporta la lectura de Luis Luque

La dramaturgia se construye como una exploración del personaje y de su memoria. En vez de una narración lineal, aparecen fragmentos, retornos y apariciones que hacen avanzar el relato desde la herida, no desde la sucesión ordenada de hechos. Bernarda, Adela, María Josefa y otras presencias regresan como ecos de una historia que sigue pesando incluso después del desenlace.

Ese enfoque permite escuchar con más nitidez la filosofía escondida en las criadas de Lorca, figuras que conocen la verdad doméstica y que suelen quedar en los márgenes. Aquí, esa mirada se convierte en centro dramático. La obra insiste en una idea muy lorquiana y muy actual: amar en libertad no es un gesto abstracto, sino una necesidad que atraviesa la vida entera.

Lolita Flores, en el registro más intenso del personaje

La propuesta encuentra su motor en Lolita Flores, que se mete en la piel de Poncia con una interpretación llena de matices. La actriz sostiene el espectáculo casi en solitario, con una energía que no necesita grandes apoyos escénicos para hacerse notar. Su voz grave, los cambios de entonación y la manera de habitar los silencios dan forma a una criada dura, herida y profundamente humana.

Además, la función deja espacio para una tensión muy concreta entre dolor y lucidez. Poncia habla del suicidio de Adela, de la sumisión, del deseo y de la violencia de clase, pero lo hace con una mezcla de desgarro y humor que evita el tono plano. ¿No es precisamente ahí donde el personaje se vuelve más complejo, cuando la rabia convive con la ironía y la memoria no se deja domesticar?

Una puesta en escena contenida y eficaz

La escenografía apuesta por la abstracción y por unos pocos elementos visuales que transforman el espacio con discreción. Teles colgadas, juegos de luz y una atmósfera de niebla bastan para sugerir varios lugares de la mente de Poncia sin cargar el escenario de artificios. Esa contención ayuda a que el texto respire y a que el trabajo actoral tenga más presencia.

La producción también cuida la dimensión técnica para que la experiencia sea accesible. La función cuenta con subtitulado, audiodescripción, bucle magnético y sonido amplificado con auriculares. En subtitulado, la zona de visión óptima se sitúa en el centro a partir de la fila 10 en platea.

Una cita accesible en el Teatre Goya

La función está programada en Teatre Goya, Barcelona, el 12 de septiembre de 2026 a las 19:30, en sábado. Se trata de una de las próximas funciones accesibles de la obra, una oportunidad para ver cómo un personaje secundario de Lorca puede convertirse en protagonista absoluto sin perder su raíz literaria.

El montaje se representa en español y tiene una edad recomendada a partir de 16 años. Para quien quiera acercarse a una relectura de Lorca centrada en la voz de una criada que lo ha visto todo, esta Poncia ofrece una mirada afilada, sobria y muy bien sostenida por su intérprete principal.

La fuerza del montaje está en que no intenta suavizar a Poncia ni convertirla en un mero vehículo de nostalgia lorquiana. La deja hablar con aspereza, con deseo de verdad y con una claridad incómoda, que es justo lo que hace que el personaje siga resultando tan contemporáneo.

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