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Les coses excepcionals vuelve a Barcelona con Miki Esparbé

23 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

Les coses excepcionals vuelve a Barcelona con Miki Esparbé
Miki Esparbé. Foto: Sixto Paz Producciones

Barcelona recupera Les coses excepcionals, una comedia que mira de frente a la fragilidad sin perder el pulso del humor. En esta nueva etapa, Miki Esparbé toma el relevo en un montaje que mezcla ternura, ironía y participación del público para hablar de aquello que sostiene una vida cuando todo se tambalea.

La obra parte de una idea tan simple como poderosa: una lista de cosas que merecen la pena. A partir de ahí, Duncan Macmillan construye un relato que avanza entre la risa y el desgarro, con un tono cercano que convierte al espectador en cómplice desde el primer momento. No es un monólogo al uso ni una pieza que se limite a contar una historia desde la distancia. Aquí la escena se comparte, se completa y se contamina con lo que ocurre en la sala.

Del 4 de noviembre al 6 de diciembre, el Teatre Borràs acoge esta propuesta en catalán, pensada para mayores de 12 años. Son semanas suficientes para que el boca a oreja haga su trabajo, porque la obra tiene ese tipo de energía que crece cuando se habla de ella. ¿Qué hace que una lista de objetos, gestos y recuerdos acabe tocando algo tan íntimo? Justo ahí está su fuerza.

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Una historia que convierte lo pequeño en materia escénica

Les coses excepcionals arranca con un gesto que cualquiera puede reconocer: intentar ordenar el mundo cuando algo se rompe. El protagonista, todavía niño, empieza a apuntar todo aquello que le parece digno de celebrarse, desde un helado hasta que te dejen ver la tele pasada la hora de dormir. La lista no es un capricho, sino una forma de resistir, de nombrar el placer y de agarrarse a lo cotidiano cuando la realidad pesa demasiado.

Ese punto de partida le da a la obra una mezcla muy particular de ligereza y gravedad. La emoción no llega por el golpe, sino por acumulación. Cada elemento de la lista abre una grieta distinta, y cada una de esas grietas deja entrever la relación entre memoria, pérdida y deseo de seguir adelante. Macmillan escribe desde una claridad que desarma, sin solemnidad y sin caer en el dramatismo fácil.

Miki Esparbé y una versión que mantiene el pulso

La interpretación de Miki Esparbé sostiene buena parte del magnetismo de esta producción. El actor se mueve con naturalidad entre el desparpajo y la vulnerabilidad, dos registros que aquí no compiten, sino que se necesitan. En una obra que pide cercanía, ritmo y escucha constante, su presencia refuerza ese pacto con el público que hace que cada función cambie un poco según quién esté sentado al otro lado.

También ayuda la mirada de Pau Roca, ligado al proyecto desde la dirección escénica de Sixto Paz Produccions. La puesta en escena apuesta por la sencillez y por una relación directa con la sala, sin artificios innecesarios. Todo está orientado a que la palabra respire y a que la historia no se cierre sobre sí misma. En ese marco, el público no asiste solo a una función: entra en una dinámica compartida en la que escuchar también significa participar.

Un texto que habla de tristeza sin perder la ligereza

La obra tiene algo poco frecuente: se permite tratar un tema duro sin blindarlo detrás de la solemnidad. La ausencia, la depresión y el peso de una familia atravesada por una crisis aparecen, pero lo hacen envueltos en una escritura que busca la luz en lugar de recrearse en la oscuridad. Esa decisión marca todo el espectáculo y explica por qué sigue interesando tanto tiempo después de su estreno original.

Por eso funciona tan bien su tono. La comedia no suaviza el fondo, lo hace más humano. El humor abre espacio para que la emoción entre sin pedir permiso, y la emoción evita que la risa se quede en una superficie cómoda. El resultado es una pieza que se apoya en la inteligencia del texto y en la honestidad de la interpretación para hablar de la vida con una claridad poco frecuente en escena.

Una cita pensada para quedarse en la memoria del público

El regreso de Les coses excepcionals al Teatre Borràs añade una nueva oportunidad para acercarse a una obra que ha sabido mantener su vigencia. En cartel del 4 de noviembre al 6 de diciembre, la función llega en catalán y con una duración de 70 minutos, un formato que concentra muy bien todo lo que propone sin estirarlo más de la cuenta.

Hay montajes que se apoyan en la espectacularidad y otros que prefieren dejar huella por lo que dicen y por cómo lo dicen. Este pertenece claramente al segundo grupo. Su fuerza está en la manera de convertir una lista, una voz y una relación directa con la sala en algo que sigue resonando cuando termina la función. Y eso, en una temporada llena de títulos, no es poca cosa.

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