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Tendrament, una obra íntima que convierte el escenario en casa

Pau Vinyals y Judit Colomer abren su relación al público con humor y verdad.

Tendrament, una obra íntima que convierte el escenario en casa
Tendrament, Teatre Akadèmia: Judit Colomer y Pau Vinyals. Foto: Ajuntament de Banyoles

Tendrament llega como una pieza de autoficción que mira de frente a la vida en pareja, al deseo de sostener un nosotros sin renunciar a la propia voz. Pau Vinyals y Judit Colomer firman una creación compartida en la que la intimidad no se esconde, sino que se convierte en material escénico, con una mezcla de humor, honestidad y una curiosidad muy poco complaciente.

La obra parte de una pregunta que cualquiera reconoce enseguida: qué pasa cuando la idea de la vida correcta, con piso, trabajo, amor, perro e hijo, empieza a pesar más de la cuenta. A partir de ahí, el montaje propone otra forma de mirar la convivencia, el malestar y la ternura, y lo hace desde un escenario casi desnudo, pensado para que el público entre en el juego como cómplice y no como mero espectador.

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Una pareja al borde de su propio guion

En el centro de la propuesta están dos intérpretes que se interpretan a sí mismos sin refugiarse en la distancia ni en la ironía fácil. La obra toma como punto de partida esa sensación de estar cumpliendo un papel demasiado conocido, el de quien acepta sin protestar lo que se espera de una relación estable, productiva y ordenada. Frente a eso, la pieza abre otro camino: escuchar el malestar, nombrarlo y dejar que aparezcan el amor, el deseo y el placer como fuerzas capaces de descolocar una vida demasiado acomodada.

Ese impulso dialoga con una idea muy clara de fondo, la de que una relación no tiene por qué ser un proyecto cerrado ni una estructura inmóvil. Aquí se entiende más bien como un vínculo que se construye día a día, en función tras función, con fricciones, dudas, privilegios, dolor y también ternura. La cita de Paul B. Preciado que atraviesa el texto, con esa mesa y esa silla que no admiten preguntas, sirve para colocar la obra en un terreno incómodo y sugerente a la vez.

Autoficción, humor y una escena que no oculta sus costuras

Lejos de la solemnidad, Tendrament encuentra parte de su fuerza en el humor fino y en la manera en que convierte un conflicto íntimo en un material escénico vivo. No se trata de embellecer la convivencia ni de convertirla en una postal amable, sino de mostrar sus tensiones con claridad, sin egos y con una franqueza que sostiene toda la propuesta. Esa sinceridad, unida al tono lúdico, le da al montaje una temperatura muy particular.

También pesa mucho la forma. El espacio vacío no funciona como vacío decorativo, sino como una extensión de la relación entre los dos creadores. Desde ahí se construye una casa simbólica en la que el público entra como aliado, casi como testigo privilegiado de una conversación que se desarma y se recompone delante de sus ojos. ¿Qué mejor lugar para hablar de un vínculo que un escenario despojado, donde todo se vuelve signo y cada objeto gana una lectura nueva?

Dos trayectorias que se encuentran en escena

La pieza también llama la atención por el cruce entre dos perfiles muy reconocibles del teatro catalán. Judit Colomer, escenógrafa, se estrena como performer con una presencia firme, directa y llena de matices. Su manera de habitar el escenario aporta solidez a un trabajo que se apoya mucho en la verdad del gesto y en la precisión de la palabra.

A su lado, Pau Vinyals despliega la energía física y creativa que lo ha convertido en uno de los intérpretes más versátiles de su generación. Su presencia empuja, desborda y activa el espacio con una vitalidad que sostiene bien el tono del montaje. Juntos, convierten Tendrament en un primer trabajo común que no busca impresionar por artificio, sino por la manera en que mezcla biografía, pensamiento y escena con una naturalidad poco frecuente.

Una propuesta que mira la convivencia sin maquillaje

La obra no esquiva las zonas menos cómodas de una relación: la rabia, el dolor, el neguit, la opresión o los privilegios que atraviesan cualquier vínculo. Precisamente por eso, su idea de la tendresa no suena ingenua. Aquí la ternura aparece como una práctica exigente, casi radical, que implica nombrar lo que duele y aprender a sostenerlo sin convertirlo en una consigna hueca.

Con esa mirada, Tendrament se sitúa en un territorio muy contemporáneo, donde la autoficción no sirve solo para hablar de uno mismo, sino para pensar cómo se construyen los lazos afectivos en comunidad. El resultado es una pieza cercana y afilada, íntima pero nada cerrada sobre sí misma, que deja al descubierto el trabajo de dos artistas que han decidido poner su relación en juego sin esconder sus grietas.

En cartel con funciones en Barcelona, la obra ofrece una ocasión poco habitual: ver cómo una pareja artística convierte su vida compartida en un dispositivo escénico que no busca respuestas fáciles. Hay algo muy estimulante en esa exposición sin adorno, en esa voluntad de pensar el amor desde la escena y no desde el tópico.

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