Barcelona se prepara para una nueva edición de Loop 2026, un festival que convierte la ciudad en un gran mapa de videoarte, instalaciones y performances. Durante dos semanas, la programación se reparte por distintos espacios culturales y propone una mirada muy afinada sobre cómo conviven las imágenes en movimiento, la arquitectura y las formas de vida que habitan la ciudad.
Este año, el festival llega comisariado por Filipa Ramos y se articula bajo el título Xiu Xiu, una propuesta que pone el foco en los gestos, los ritmos y las presencias que suelen quedar fuera del campo de visión más obvio. ¿Qué pasa cuando el cine de artistas se cruza con la ciudad, con sus interiores, sus umbrales y sus espacios más discretos? Esa es la pregunta que atraviesa esta edición.
Una edición pensada para mirar la ciudad de otra manera
Loop 2026 se celebra del 10 al 21 de noviembre y plantea una lectura de Barcelona muy vinculada a su condición de capital mundial de la arquitectura en 2026. La propuesta no se limita a proyectar obras: pone en relación vídeo, película, instalación y performance con lugares concretos de la ciudad, desde museos hasta cinematecas, centros de arte, espacios independientes y equipamientos culturales.
La idea de fondo es clara: atender a las arquitecturas compartidas y a todo aquello que suele pasar desapercibido, desde las terrazas y los pórticos hasta los jardines, los interiores domésticos, las vías fluviales o las estructuras abandonadas. En vez de imponer una gran narrativa, el festival abre un campo de escucha y observación para que el público se acerque a otras formas de coexistencia.
Xiu Xiu: una invitación a escuchar lo que apenas se oye
El título de esta edición, Xiu Xiu, remite a los «xiuxiueigs», los susurros, y no es una elección casual. La programación se centra en los espacios y relaciones donde la vida humana y la más-que-humana se rozan, se superponen o comparten territorio. Animales, plantas, materiales y atmósferas aparecen como parte activa de una ciudad que no se reduce a sus edificios ni a sus grandes infraestructuras.
Esa perspectiva da sentido a una edición que mira hacia lo doméstico, lo público, lo marginal y lo infraestructural sin separar del todo naturaleza y cultura. El resultado es un festival que no se entiende solo como una sucesión de piezas, sino como una forma de leer Barcelona desde sus ritmos más silenciosos y sus presencias menos visibles.