Mamá Ladilla vuelve a ponerse frente al público con la mala leche, la ironía y el desparpajo que han hecho reconocible al grupo desde mediados de los noventa. En Badalona, la cita sirve para reencontrarse con una banda que ha convertido el punk-rock en una forma muy personal de mirar la realidad, siempre con letras afiladas, humor corrosivo y una energía que no se ha apagado con el paso del tiempo.

La formación llegará con el empuje de su disco Molestar general, publicado en 2026, y con un repertorio que resume bien su trayectoria: canciones directas, estribillos que se pegan y una actitud que no busca agradar a todo el mundo. ¿Qué puede salir de ahí sobre un escenario? Precisamente lo que mejor maneja el trío: un concierto sin concesiones, muy de cerca y con la sensación de que cada tema quiere pinchar un poco más que el anterior.

La actuación está programada para el 24 de octubre de 2026 en Dos rombos, con entradas desde 15 euros. Es una de esas noches pensadas para quienes disfrutan de la música con carácter, sin adornos innecesarios y con una banda que lleva décadas defendiendo su sitio a base de oficio, mala uva y bastante personalidad.

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Un grupo con muchos kilómetros y pocas reverencias

Mamá Ladilla nació en 1994 en torno a Juan Abarca y, desde entonces, ha ido construyendo una discografía amplia y muy reconocible. Su recorrido empezó con la maqueta Directamente a la basura y siguió con títulos como Arzobispofobia, Naces, creces, te jodes y mueres, Requesound, Power de mí o Analfabada, discos que fueron afinando una manera de escribir y tocar que mezcla punk, rock y una sátira constante sobre casi cualquier asunto.

Con los años, la banda ha ido sumando etapas, cambios de formación y nuevos trabajos sin perder el pulso. A Autorretrete le siguieron Jamón Beibe, Bilis, Coprofonía, Un bis y a la cama, Quién pudriera, Exhuma y sigue y, ya en 2026, Molestar general. Esa continuidad explica por qué sus conciertos no suenan a rutina: cada época ha dejado canciones distintas, pero todas comparten una misma forma de entender el escenario, seca, mordaz y muy poco domesticada.

Qué esperar del concierto

En directo, Mamá Ladilla suele moverse con una combinación muy efectiva de letras punzantes y ejecución compacta. No hace falta rodear demasiado la propuesta para entenderla: la banda va al grano, acelera cuando toca y deja espacio para que el humor negro, la provocación y la autoparodia hagan su trabajo. Quien se acerque a esta fecha encontrará precisamente eso, una descarga de canciones pensadas para sonar con filo y con un punto de descaro.

También pesa mucho la personalidad de Juan Abarca, que ha sido el motor creativo del grupo desde el principio. Su forma de escribir ha marcado el tono de la banda, con títulos que ya adelantan el pulso del repertorio y con una mirada que convierte la burla en identidad. No se trata solo de tocar rápido o de sonar alto, sino de mantener una voz propia dentro de una escena donde no siempre sobra el criterio ni la ironía.

Un disco nuevo para una banda veterana

La gira de 2026 llega acompañada por Molestar general, el último lanzamiento del grupo. Ese detalle importa porque sitúa el concierto en un momento especialmente activo para la banda: no es una revisión nostálgica de un pasado lejano, sino una fecha que se alimenta también de material reciente. En el caso de Mamá Ladilla, eso suele traducirse en un directo más vivo, con canciones nuevas conviviendo con otras que llevan años circulando entre seguidores fieles.

Además, su discografía reciente confirma que el grupo no se ha limitado a vivir de inercia. Tras Exhuma y sigue, el nuevo trabajo mantiene esa costumbre de presentar canciones con títulos tan directos como su manera de tocar. Si te interesa el punk-rock con carácter, letras sin filtro y una banda que todavía sigue en carretera con convicción, esta parada en Badalona encaja sola.

La gracia de una fecha así está en que no pide demasiadas explicaciones. Basta con saber que habrá una banda veterana, un repertorio con mala leche bien llevada y una noche pensada para quienes prefieren el concierto con personalidad antes que el gesto complaciente. Y eso, cuando se junta en una misma sala, suele bastar para que el plan cobre sentido por sí mismo.