Afrobrasileira propone un cruce muy atractivo entre tradición y mestizaje: las composiciones de Mirla Riomar se encuentran con reinterpretaciones de clásicos en un repertorio que viaja del Brasil más profundo a un lenguaje abierto, contemporáneo y muy musical. La presencia de Marcel Vallès completa una formación pensada para que la canción respire, dialogue y se expanda sin perder el pulso de sus raíces.
La cita llega el 30 de octubre a las 19:00 en el Centre Cívic Can Deu, con entrada gratuita, inscripción previa y plazas limitadas. Quien se acerque encontrará una propuesta que une afrobrasil, jazz, soul y músicas del mundo en un formato cercano, de esos que permiten entrar en el detalle de cada arreglo y seguir la historia de cada tema sin ruido alrededor.
Mirla Riomar parte de un lugar muy claro: la música entendida como memoria, identidad y presente. Nacida en Salvador de Bahía y marcada por un entorno de tradiciones africanas, ha desarrollado una trayectoria que conecta con esa herencia sin convertirla en una pieza de museo. Su trabajo mira hacia delante, pero lo hace desde una base rítmica y cultural reconocible, con la voz como eje y la percusión como una segunda respiración.
Esa raíz bahiana se nota también en Afrobrasileira, el proyecto que inspira el concierto y que reivindica las sonoridades de origen africano presentes en Brasil. ¿Qué gana el público con una propuesta así? Primero, una escucha rica en matices; después, una manera distinta de acercarse al repertorio popular y a las composiciones propias, donde cada giro armónico y cada acento rítmico abren una puerta nueva. No se trata solo de oír canciones, sino de seguir cómo se construye una identidad sonora.

Un diálogo entre estilos que encaja
Marcel Vallès aporta a la propuesta una guitarra capaz de sostener, colorear y empujar el discurso musical sin imponerse sobre él. Junto a Mirla Riomar, la interpretación gana en contraste y en fluidez, con espacio para el groove, la delicadeza y la improvisación contenida. La combinación funciona porque no busca el golpe de efecto, sino la continuidad entre las distintas capas del repertorio.
A ese punto de partida se suman con naturalidad el jazz y el soul, dos lenguajes que aquí no aparecen como adornos, sino como herramientas para ensanchar el material afrobrasileño. El resultado es una escucha abierta, con melodías que se reconocen pronto y arreglos que invitan a prestar atención a lo que pasa debajo de la superficie. En una tarde de otoño, pocas cosas apetecen más que un concierto así: directo, con personalidad y sin artificios de más.
Lo que aporta esta cita
La entrada gratuita convierte esta actuación en una buena ocasión para acercarse a un repertorio que no suele verse todos los días en una programación de barrio. La combinación de inscripciones previas y aforo limitado añade además un punto de exclusividad práctica, no por pose, sino por formato: el público entra en un espacio donde la escucha puede ser más atenta y donde cada detalle del directo pesa más.
También hay algo muy atractivo en la manera en que este concierto cruza escenas y procedencias. Mirla Riomar, instalada en Barcelona desde 2016, ha construido aquí una base artística que dialoga con su origen brasileño sin perder la conexión con la ciudad que la acoge. Esa mezcla se nota en el escenario y le da al programa un interés especial para quienes buscan música con historia, con raíces y con una lectura actual del mestizaje.
Una tarde para escuchar con calma
El formato del concierto favorece precisamente eso, la escucha. Frente a otras propuestas más expansivas, aquí manda la cercanía entre intérpretes y público, algo que encaja muy bien con un repertorio que trabaja la memoria, el ritmo y la melodía desde la precisión. No hace falta más que dejarse llevar por la voz, la guitarra y el pulso de unas canciones que unen celebración y profundidad.
Y hay otro motivo para fijarse en esta cita: pone en primer plano a una artista que ha pasado por escenarios y festivales de referencia, pero que sigue defendiendo un proyecto muy personal, construido desde la identidad afrobrasileña y abierto a otros lenguajes. Cuando la música encuentra ese equilibrio entre raíz y libertad, el resultado suele quedarse en la cabeza mucho después de que termine el último tema.