Els Hipòcrites propone una función que mira de frente al presente a través de una distopía situada en 2026. La historia arranca con un mundo resquebrajado por las guerras, la censura y el egoísmo, y convierte ese colapso en el punto de partida de un último festival de teatro donde todavía parece posible cambiar algo. ¿Qué puede hacer una obra cuando todo se tambalea? Precisamente ahí encuentra su fuerza.

Firmada por 13 dies sense Fam, la pieza mezcla tragicomedia, perspectiva de género y salud mental para hablar de una generación joven obligada a decidir quién quiere ser en medio del ruido. Sòfocles, Èsquil, Eurípides y Aristòfanes regresan para crear sus últimas obras, pero serán tres jóvenes, Léxi, Agápi y Èkfrasi, quienes tengan que darles cuerpo y empujarlas hacia delante. Lo que empieza como un encargo termina convirtiéndose en una elección moral y creativa.

Además, la propuesta reserva al público un gesto poco habitual: al final, la historia se somete a votación y el desenlace queda en manos de quien asiste. No es solo una forma de cerrar la función, sino una manera de implicar al espectador en la idea central del montaje, esa mezcla de responsabilidad, relato y futuro que atraviesa todo el texto.

Una historia que mira a la juventud sin paternalismo

La obra se dirige especialmente a un público joven, pero no lo hace con condescendencia ni con mensajes cerrados. Al contrario, pone sobre la mesa preguntas incómodas sobre la guerra, la censura y el egoísmo, y las cruza con el desconcierto de una generación que crece en un escenario incierto. Ese enfoque le da al montaje una energía muy concreta: habla de hoy sin disfrazarlo de nostalgia ni de moraleja.

También encaja con una sensibilidad muy actual por cómo se cuentan los conflictos y sus consecuencias emocionales. La salud mental aparece como parte del paisaje dramático, no como un añadido decorativo, y la perspectiva de género aporta otra capa de lectura a una trama que juega con el legado clásico para revisarlo desde otro lugar.

Clásicos que vuelven para ser puestos a prueba

La presencia de Sòfocles, Èsquil, Eurípides y Aristòfanes no funciona como cita académica, sino como motor dramático. Sus figuras reaparecen para crear las últimas obras de un teatro al borde del colapso, y esa idea abre un diálogo entre tradición y urgencia contemporánea. ¿Qué ocurre cuando los grandes nombres del canon tienen que hablar a un mundo que ya no reconoce sus certezas?

En ese cruce, las tres intérpretes jóvenes se convierten en el centro real de la función. Léxi, Agápi y Èkfrasi no solo representan personajes, sino que atraviesan una prueba sobre identidad, deseo y decisión. El resultado es un montaje que usa el teatro dentro del teatro para hablar de cómo se escribe, y también de quién tiene derecho a escribir, el futuro.

La firma de 13 dies sense Fam

Detrás del proyecto está 13 dies sense Fam, una compañía que apuesta por una pieza de tono híbrido, entre la ironía y la tensión, y que se atreve a convertir la participación del público en parte de la dramaturgia. Esa decisión no es un simple recurso interactivo: cambia la relación con la función y convierte cada pase en algo ligeramente distinto, porque el final depende de una elección colectiva.

La dirección y la dramaturgia corren a cargo de Daniel Gargallo, que también interpreta a Èkfrasi. Junto a él aparecen nombres como Salema Gómez, Arnau Oncins, Daniel Gargallo, Estela Duribe, Manuel Pacheco, Sara Galván y Èric Caballero, un reparto que da forma a una pieza coral donde cada figura tiene un papel claro dentro del engranaje escénico. Música, dirección musical, fotografía, dirección de arte, ayudantía de dirección, coaching actoral, casting y marketing completan un equipo que apunta a una producción cuidada en todos sus frentes.

Las citas para verla en Barcelona

Els Hipòcrites ya está en marcha en Barcelona y se puede ver en el Centre Cívic Cotxeres Borrell el 23 de octubre de 2026, el 7 de noviembre y el 13 de noviembre, siempre a las 18:30. Las entradas parten de 10 euros.

Con su mezcla de tragedia, humor y participación del público, la obra convierte cada pase en una conversación abierta sobre qué historias merecen sobrevivir. Y si el teatro sirve para imaginar otros finales, aquí la pregunta no es menor: quién decide, al final, qué mundo sigue en pie.