Picasso nunca pisó Chipre, pero su obra sí dialogó con la cerámica antigua de la isla. Esa relación, filtrada por museos europeos, catálogos y publicaciones especializadas, es el punto de partida de Picasso Xipre. Trobades amb la ceràmica del Mediterrani, una exposición que pone frente a frente piezas arqueológicas y creaciones del artista para seguir una misma línea de formas, símbolos y gestos a través del tiempo.

La muestra parte de una idea sugerente: las resonancias formales no desaparecen, se transforman. En lugar de buscar una copia o una cita literal, propone mirar cómo Picasso se dejó atraer por la hibridación de estilos, por la mezcla entre figura humana y animal y por esa energía lúdica y expresiva que también aflora en la cerámica xipriota. ¿Qué ocurre cuando una vasija de la Edad del Bronce y un plato de Picasso comparten el mismo territorio visual? El recorrido responde con obras de museos y colecciones de toda Europa, junto con una presencia notable de fondos del propio Museu Picasso de Barcelona y del Departamento de Antigüedades de Chipre.

Entre las piezas que articulan el discurso aparece Cares de dona, un gerro trípode de 1950 que dialoga con un recipiente chipriota datado entre el 2100 y el 2000 a. C. Esa relación resume bien el espíritu de la exposición: no se trata de una apropiación superficial, sino de una afinidad profunda con unas formas que Picasso amplió, deformó y cargó de color para convertirlas en otra cosa. También asoman en el conjunto motivos como toros, peces, aves, máscaras, danzantes o figuras mitológicas, todos ellos tan presentes en la cerámica como en la imaginación picassiana.

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Una conversación entre formas antiguas y lenguaje moderno

La exposición se organiza en ocho ámbitos que permiten leer esa conversación desde distintos ángulos: atuells compostos, dones mediterrànies, criatures mitològiques, figures antropomòrfiques, música i dansa, màscares, toros, y pops, peixos i ocells. Cada uno enlaza antigüedades xipriotas con obras de Picasso, de modo que el visitante va viendo cómo reaparecen ciertos temas y cómo cambian de sentido según el contexto. La cerámica antigua no aparece aquí como una reliquia inmóvil, sino como un repertorio vivo de formas que Picasso reinterpreta con libertad.

En ese diálogo se entienden mejor piezas como Centaure picador de 1950, un plato de terracota pintado con óxidos y bañado en verniz, o Dansaires fent rotllana de 1956, donde el movimiento colectivo se convierte en motivo plástico. También hay espacio para obras como Pop, Sol i toro, Cap de toro o Oreneta, que muestran hasta qué punto el artista siguió trabajando con animales, símbolos solares, figuras híbridas y escenas de aire ritual. La muestra no insiste en la coincidencia literal, sino en la persistencia de un vocabulario visual que atraviesa siglos.

Las piezas de Picasso que mejor explican el diálogo

La selección de obras picassianas ayuda a entender por qué esta exposición funciona más como lectura cruzada que como simple comparación. Cares de dona es una de las claves, porque condensa en una sola pieza la relación entre un modelo antiguo y una solución moderna de gran potencia formal. A su lado, otras piezas refuerzan el mismo hilo: Màscara negra, Cara, Dos peixos, Peix sobre fons fosc, Cursa de braus i peix o Tocador daulos i ballarina apuntan a un universo en el que lo animal, lo humano y lo ceremonial se mezclan sin jerarquías.

Esa mezcla también se percibe en obras como Faune enmig del brancatge o Centaure i bacant amb un faune, que amplían el registro mitológico de la exposición y conectan con la fascinación de Picasso por el mundo clásico. La clave está en la libertad con la que el artista absorbe referencias antiguas y las convierte en cerámica, pintura o dibujo con una lógica propia. No hay arqueología decorativa, sino una manera de pensar la forma que sigue siendo sorprendentemente actual.

Una visita que se completa con actividades paralelas

Junto a la exposición, el programa se amplía con actividades que permiten entrar en el tema desde otros ángulos. La jornada «De lantiguitat mediterrània a la modernitat picassiana» abre una lectura más amplia del puente entre pasado y presente, mientras que las visitas comentadas a la exposición ofrecen otra capa de interpretación para quienes quieran detenerse en las relaciones entre las obras. También figura la visita comentada Picasso «Mestre escudeller», que subraya la dimensión ceramista del artista.

A eso se suman propuestas más prácticas y familiares, como el taller de cerámica «Fabulacions mediterrànies» y el taller familiar «Animals al poder», además de la presentación y visita a la exposición para Amics. En paralelo, la programación educativa incorpora Relats de fang, modelant la nostra comunitat sensible, una actividad pensada para trabajar el barro como materia de creación y vínculo. Así, la muestra no se queda en la contemplación de piezas excepcionales, sino que abre varias puertas para leer la cerámica como lenguaje, técnica y memoria.

La exposición puede verse hasta el 27 de septiembre de 2026 y es gratuita, con reserva previa. Queda así un margen amplio para acercarse a un diálogo que no se limita a la historia del arte: también habla de cómo una imagen antigua puede seguir activa cuando alguien la mira con suficiente libertad.