Barcelona recibe Después del beso, la exposición individual de Attilio Chien, una cita que reúne pintura, memoria afectiva y tecnología interactiva en torno a una misma idea: el beso como símbolo de amor, redención y vínculo humano. La muestra propone mirar las obras más allá del lienzo, con una lectura emocional que se activa también desde el móvil.
Firmada por el artista taiwanés Attilio Chien, la propuesta nace de una trayectoria larga en publicidad y da un giro radical hacia la creación contemporánea. Tras 25 años como director creativo, Chien convierte su experiencia visual en un lenguaje propio, marcado por la intensidad del gesto, la fuerza del símbolo y una visión muy personal del afecto.

Un beso que va mucho más allá del motivo pictórico
En Después del beso, el beso no aparece como una imagen decorativa ni como un simple guiño romántico. Aquí funciona como una idea central, casi como una biografía emocional. Para Chien, ese gesto remite al primer amor, al cuidado materno y a una energía que atraviesa toda su obra. Por eso sus pinturas no se quedan en la superficie de la relación entre amantes, sino que abren una lectura más amplia sobre la ternura, la reparación y la conexión entre personas.
Ese enfoque explica por qué la serie ha llamado la atención en distintos contextos internacionales. El artista ha construido una identidad visual reconocible, con una tensión emocional muy marcada y un sistema de símbolos que se repite y se transforma. ¿Qué hace que un mismo motivo siga diciendo cosas nuevas? Precisamente, la manera en que Chien lo empuja hacia un territorio íntimo y universal al mismo tiempo.