La Torre como espacio de intervención artística
Subiendo por la Torre de les Aigües del Besòs, la propuesta cambia de registro y entra en el terreno de la intervención artística. Allí se han programado piezas específicas de Joan Bennàssar, Sara Fontán y Clara Tena, Violeta Mayoral y Eulàlia Rovira, entre otros nombres vinculados al proyecto.
Una de las piezas que más conversación genera es Skyline invertit, de Violeta Mayoral, que contrapone las siluetas de la ciudad con datos sobre densidad, vivienda y turismo. Desde ahí, la torre se convierte en un punto de observación muy particular para pensar la gentrificación, la transformación social y la manera en que el paisaje urbano ha ido cambiando alrededor de las antiguas chimeneas.
Memoria obrera, investigación y cápsula del tiempo
La exposición nace de una investigación sobre las veintinueve chimeneas que aún se conservan y sobre las fábricas que las levantaron, pero no se queda en el inventario patrimonial. También incorpora historias de trabajadores, materiales fotográficos, testimonios vecinales y una lectura de la memoria obrera reciente que ayuda a entender cómo se construyó el barrio.
Junto a eso, el proyecto abre una línea de futuro muy concreta: una cápsula del tiempo en forma de colmena creada por Joan Bennàssar, concebida para enviar simbólicamente al 2043, cuando se prevé conmemorar los doscientos años de los orígenes industriales del Poblenou. El proceso participativo que la acompaña invita a decidir su contenido con aportaciones del barrio, de investigadores y de colectivos implicados en la vida cultural del entorno.
Un proyecto con vecinos, escuelas y arte contemporáneo
La fuerza de esta cita está también en su dimensión colectiva. Participan socios y socias del Arxiu, vecinos y vecinas del Poblenou, investigadores, profesorado, estudiantes y artistas, en un trabajo que cruza memoria local, mediación cultural y práctica creativa. Entre los colaboradores figuran personas vinculadas a institutos del barrio y a proyectos de diseño y universidad, además de especialistas en historia urbana y patrimonio.
Esa mezcla da al conjunto un tono muy poco estático. No se trata solo de conservar lo que hubo, sino de discutir cómo se cuenta, quién lo cuenta y qué uso puede tener hoy esa memoria. En un barrio que pasó de zona agrícola a polo industrial y después a laboratorio urbano, la pregunta no es menor: ¿cómo se conserva un paisaje cuando ya ha cambiado tantas veces?
Lo que aporta a quien se acerque
Quien entre en esta exposición encontrará una lectura del Poblenou que evita las versiones simplificadas. Habrá historia industrial, sí, pero también conflictos vecinales, transformaciones urbanas, arquitectura, trabajo, imagen contemporánea y una reflexión sobre la ciudad que se proyecta hacia delante. La combinación de archivo, arte y participación hace que cada visita pueda ofrecer una capa distinta de significado.
Además, la colaboración con BAU amplía el alcance del proyecto con una exposición en Palo Alto que propone ucronías, revisa el pasado y especula futuros a partir de la evolución arquitectónica y urbana del barrio. Esa ramificación refuerza la idea de que el Poblenou no se contempla aquí como una postal cerrada, sino como un territorio en discusión permanente.
Un aniversario que mira más allá de la celebración
Esta propuesta forma parte del 50º aniversario del Arxiu Històric del Poblenou, una conmemoración que se prolonga con actividades culturales, festivas y participativas repartidas en distintos momentos del año. El programa incluye encuentros, intervenciones artísticas, salidas culturales, presentaciones y actividades comunitarias que acompañan la exposición y la sitúan dentro de un relato más amplio sobre memoria y barrio.
Lejos de limitarse a celebrar una efeméride, el proyecto usa ese aniversario para abrir preguntas sobre la relación entre patrimonio, ciudad y vecindario. Y ahí está buena parte de su interés: no mirar el pasado como una pieza inmóvil, sino como un material vivo que todavía puede discutir el presente.