La exposición Polítiques del retard. Arribar a destemps ya está en marcha en la Sala Josep Uclés, en el Centre Cultural El Carme de Badalona, con una propuesta que convierte el retraso en una posición política y vital. Lejos de entenderlo como un fallo o una falta de disciplina, el proyecto propone mirar el tiempo desde quienes no encajan en la lógica de la productividad, la urgencia y la aceleración constante.
Comisariada por Angelica Tognetti, la muestra parte de una pregunta incómoda y muy actual: qué cuerpos tienen derecho a habitar qué ritmos. Desde ahí, la exposición abre un campo de reflexión sobre la normalidad temporal y sobre las formas de vida que quedan fuera del mandato de llegar siempre a tiempo, producir sin pausa y responder con eficiencia a todo lo que se espera de nosotros.
Un tiempo que no obedece
La fuerza de la muestra está en cómo reivindica el derecho a llegar tarde, a llegar de otra manera o incluso a no llegar. Esa idea atraviesa todo el proyecto y le da un giro al significado habitual de la palabra «retard», entendida aquí como una manera de resistir el tiempo normativo que impone el capitalismo contemporáneo.
La exposición plantea que no todas las vidas se miden igual ni se sostienen con la misma cadencia. Frente al cuerpo mecánico y su tempo acelerado, aparecen otras temporalidades ligadas a la enfermedad, el cansancio, la renuncia, la vulnerabilidad o la experiencia disca. ¿Qué pasa cuando se deja de tomar la rapidez como medida de valor? ¿Qué se abre cuando el tiempo deja de ser una obligación y pasa a ser un espacio de cuidado, dolor, deseo o pausa?
Cuatro artistas, cuatro formas de tensar el presente
El diálogo entre las piezas de Juan David Galindo Guarín y Natalia Domínguez, por un lado, y las obras de Ortésia Cabrera-Espuny y Consol Llupià García, por otro, marca una de las claves de lectura de la muestra. En unas piezas domina la hiperproducción; en las otras, el dolor, el goce y el trauma se convierten en materia de trabajo para cuestionar el tiempo impuesto.
Juan David Galindo Guarín, que firma como Un Juan, trabaja con videoensayo, archivo y performance para pensar cómo el capitalismo configura al sujeto contemporáneo, tomando su propia experiencia como campo de estudio. Natalia Domínguez, por su parte, investiga los vínculos materiales y afectivos de los paisajes postindustriales, construyendo espacios transitorios donde lo humano y lo inanimado se relacionan desde la contradicción.