Sonrisas y lágrimas, el musical ya está en marcha en Barcelona con una propuesta que recupera uno de los grandes títulos de Broadway para llevarlo de nuevo al terreno de las emociones compartidas. María, la familia Von Trapp, la música de Rodgers & Hammerstein y una escenografía cuidada al detalle forman parte de un montaje que busca envolver al público desde el primer momento.
La historia conserva intacta su fuerza: una joven novicia llega a la casa de un capitán viudo y estricto para hacerse cargo de sus siete hijos, y lo que empieza como una tarea marcada por la disciplina se transforma poco a poco en un hogar atravesado por la música, la alegría y los cambios que agitan Europa a finales de los años 30. ¿Qué tiene este clásico para seguir funcionando generación tras generación? Probablemente, esa mezcla tan precisa de ternura, humor, canciones inolvidables y una mirada muy humana sobre los vínculos familiares.
En el Teatre Apolo, el montaje se presenta como una superproducción de Theatre Properties dirigida por Silvia Villaú, con una puesta en escena que recrea la Austria de entreguerras y conduce al espectador por espacios muy reconocibles del relato, del convento a la villa de los Von Trapp, pasando por los Alpes. La experiencia se apoya en voces en directo, atención al detalle y un tono apto para todos los públicos, lo que lo convierte en un plan especialmente atractivo para ir en familia.

Un clásico que sigue emocionando
La vigencia de Sonrisas y lágrimas no depende solo de la nostalgia. Su fuerza está en cómo combina la intimidad de una historia personal con un trasfondo histórico que modifica la vida de todos sus personajes. María no entra en la casa de los Von Trapp para imponer una revolución, pero su manera de entender la música y la convivencia acaba alterando por completo el clima del hogar.
Esa transformación, sencilla de contar y difícil de sostener en escena, es una de las razones por las que el musical ha dejado huella durante décadas. La relación entre disciplina y libertad, entre silencio y canto, entre orden y afecto, sigue siendo muy reconocible para cualquier espectador, también para quienes se acercan por primera vez al título.